Para mi el Congreso Latinoamericano siempre ha sido un espacio de amor donde puedes poner a un lado, en el cajón, los egos, las envidias, el estrés de tu día a día. Un espacio donde la gente se une y comparte; donde se pueden divertir y descargar energía negativa y recargar pilas con energía positiva en todos los aspectos.

En esta ocasión, para mi personalmente, el Congreso era algo muy esperado ya que iba a participar en varias cosas en las que había trabajado por más de un año para su realización. Me sentía emocionada, entusiasmada y nerviosa porque me habían dado la oportunidad de patrocinar el escenario del congreso ¡El escenario! Y la posibilidad de un espacio como vitrina para presentar mi nuevo producto en el tan esperado “WOW Parade” de Mari Carmen Obregón. Además de que ya había anunciado la pre-venta exclusiva del libro que escribí dentro del congreso. Era una ocasión muy esperada por mi y todo mi equipo. ¡Era una oportunidad única que espere con mucho anhelo!

Pero todo fue diferente. Este año estuvimos en medio de una tragedia pero a kilómetros de distancia. Muchos de los que estábamos ahí presentes somos originarios de las zonas afectadas, con amigos y familiares lejos de nosotros que no lográbamos contactar. En un abrir y cerrar de ojos, lo que era un espacio de alegría se convirtió en desesperación, llanto, dolor e impotencia. Personas que se enteraron que ya no tenían casa a través de un mensaje de whatsapp o una llamada telefónica, madres que se enteraron que sus hijos estaban en la escuela con miedo y nadie que fuera por ellos. Papás desesperados porque estaban en medio de escombros sin poder ir por sus hijos y su mamá a horas de vuelo de distancia. Amigos que se enteraron que familiares o amigos ya no estaban más en este mundo en consecuencia del sismo. Tratar de comunicarte con la gente que quieres y que no te contesten, que no sepas que está pasando. Saber que tu casa está en las zonas afectadas pero sin poder preguntarle a alguien si sigue en pie. Información desalentadora, edificios caídos, imágenes que te rompen el corazón y te lo hacen cachitos.

Y hoy con este post quiero compartirte la otra cara de la moneda y quisiera aprovechar para felicitar y abrazar con mis palabras a todo aquel que estaba sufriendo por dentro pero que se puso una sonrisa en la cara para cumplir su palabra, para dar aliento, para compartir amor.

¡Qué difícil fue! es una labor titánica amarrar un corazón con dolor para dar lo mejor de sí aun en la adversidad. Quiero agradecer con el corazón a todos los que dejaron su dolor a un lado para donar su sonrisa a todos los participantes. Se de muchos que nos secamos las lagrimas al subir al estrado, y regalar una sonrisa para quien nos estuviera escuchando. Gracias a los organizadores porque también vi la preocupación y dolor en sus ojos y corazones. Todo aquel por lo que trabajaste durante un año o más para esta gran ocasión, se fue a último plano. Un sentir de impotencia y desaliento, además de sentirte “que no puedes estar feliz por nada”.  Los ánimos estaban bajos, y todos los sentimientos estaban a flor de piel. ¡Todos queríamos correr a nuestras casas! ¡Todos queríamos ayudar en algo! ¡Todos queríamos ir a recoger escombros y estar! Y no teníamos como hacerlo pues estábamos tan lejos de casa. Al menos eso es lo que nos hacían sentir desde lejos pero en realidad todos nos movilizamos desde el punto en el que nos tocó estar para aportar, como fuera que en ese momento la vida nos permitió hacerlo. Ya sea con dinero, con apoyo a distancia, con una sonrisa o un abrazo. Todo con el corazón.

Me emociona y me enorgullece ser mexicana. Ver que soy de ese país donde desborda la ayuda, donde todos nos unimos como uno solo para ayudar y estar disponibles. Que no importa si estás presente en el lugar de los hechos o estás lejos, buscamos el modo de contribuir a distancia. Quien heroicamente ayudaba a recoger escombros y tratar de salvar vidas, a los que recolectaban víveres, a los que fueron personalmente a entregarlos y los que a distancia se movilizaron para juntar dinero para donar y contribuir. Todos unidos en todos los rincones del mundo. ¡Que gran inspiración! Y que maravilloso ver tanta bondad, esperanza y aliento en momentos tan difíciles. Llegar a un nivel de humanidad que a veces en el camino se nos olvida y la naturaleza tiene que venir a sacudirnos para que nos unamos.

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Me enorgullece ser parte de esta industria que se movilizó rápidamente para contribuir, para dar ayuda, para dar una sonrisa de esperanza. Gracias por compartir tanto amor. Y me encantaría que en los días, meses y años que vienen, no se nos olvide este sentimiento de solidaridad, porque la ayuda va a ser requerida durante años por venir. Y como la fuerte industria que somos, se de muchos que queremos seguir ayudando y apoyando.

A todos los que tengan una causa, un municipio, localidad, en la que quieran apoyar, estaremos juntanto fuerza y unión para poder lograrlo. Se de muchos colegas que se unen a la causa para la fase de reconstrucción y habemos muchas personas que en los meses que vienen donaremos un porcentaje de las utilidades de nuestros negocios para recolectar para poder seguir apoyando. Si tienes una causa, o quieres apoyar, no dudes en ponerte en contacto conmigo o con la administración de ABC para que juntos podamos seguir ayudando.

Yo hoy regreso a casa para descubrir daños en la estructura, pero nada que no se pueda reconstruir. Hoy con más aliento que nunca, quiero dar lo mejor de mi, generar trabajo para poder seguir apoyando. No solo ahora sino siempre.

De mi parte, mi granito de arena seguirá siendo: Todo lo recaudado de mi libro “Scarpe Diem” y el porcentaje de ganancias netas que me corresponde en “Botanik-ka” y de “Entrenamientos XYZ”  se recaudará para ayudar a la gente que se quedó sin casa o que necesita ayuda. No solo en CDMX, PUEBLA Y MORELOS, pero también a nuestros paisanos de Chiapas y Oaxaca. México nos necesita, aportemos con lo que cada quien pueda al nivel en el que pueda. Todo suma, todo es grande.

 

¡Fuerza México! Juntos nos levantamos.

Melanie Ramone